En el CP Trabenco en Leganés (Madrid), no hay ninguna sirena que les indique el principio y el final de la jornada escolar. Nada más llegar al aula dedican media hora de lectura todos los días, no dan materias como lengua, mate , sociales, etc. En este centro de infantil y primaria, el tiempo no se organiza en asignaturas, tienen un método propio que no se rige por exámenes, ni por libros de texto, ni deberes.
Trabenco es una de los 100 centros públicos de España que desarrolla pedagogías alternativas, alejadas del funcionamiento tradicional escolar. Su lema es: "Ofrecer una manera de educar donde el niño, se encuentre en el centro de la actividad, que no este impuesto por el adulto, sino que se considere capacidades, intereses y ritmos".
Proyectos en lugar de asignaturas
En lugar de asignaturas distribuidas por el horario, desarrollan proyectos transversales propuestos por los alumnos donde los maestros van incorporando conceptos de las distintas áreas. Depende el proyecto que se elija, se podrán trabajar los contenidos de unas asignaturas u otras. La idea principal es que salga un tema que sea de su interés para luego aplicar el método científico: veamos lo que sabemos, lo que queremos descubrir y las hipótesis de partida para investigar.
Ambientes en lugar de clases
Las puertas de las aulas nunca se cierran y es habitual ver niños de distintos cursos mezclados,
haciendo talleres de robótica, huerto o cocina, a menudo dirigidos por los
propios padres, que también tienen libre acceso. Los talleres, ocupan otra
parte del horario, que se completa con “las zonas”: espacios en los que
desarrollan por grupos propuestas de los profesores. En este colegio se apuesta
más por la comprensión del concepto más que por su memorización. “Es más
experimental, cada día están en una zona, la de números, la de letras... Lo que
se pretende es que se adapte a las capacidades de cada niño, para que el que
quiera profundizar mucho pueda hacerlo, y el que tenga más dificultades, llegue
hasta donde pueda”, señala David Fernández, director del centro.
En estos colegios no se puede sacar un diez, tampoco suspender. No existen las notas, otro de los puntos en común de las escuelas alternativas. “Somos personas, y no somos cuantificables, tenemos muchos matices y no hay ninguna capacidad que en principio tenga que ser mejor que otra”, cuenta Fernández. Al final del trimestre, los profesores elaboran un informe cualitativo sobre los conocimientos y capacidades que han adquirido. Según dice Sara Rodríguez, una de las madres de los alumnos “La diferencia con las notas que nos ponían a nosotros es abismal: en lugar de la cruz en 'sabe escribir' o 'sabe diferenciar izquierda o derecha', tienes un informe de varias páginas donde te cuentan si tu hijo comprende para qué se usa”.
Los problemas que muestra la conserjería y maestros asignados
La continuidad en la secundaria de este tipo de enseñanza es un
gran desafío. El principal problema es contar
con maestros que comulguen con la forma de trabajo y que
estén dispuestos a dedicar su tiempo libre a la formación en estas
metodologías. A diferencia de un centro privado, donde se contrata a los
profesores que se ajustan al perfil, en los públicos depende de la actitud al
cambio que tengan los maestros que les toque en dicho centro. Puede haber
docentes muy abiertos, con ganas de cambiar el anclado sistema tradicional,
pero también los puede haber muy conservadores y tradicionales que no se separen
de los libros.
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